¿Cuál ha sido mi experiencia personal durante la realización de mi autorretrato?💁
Autorretrato.
¡Hola! Bienvenidos de nuevo a una nueva entrada en mi blog, en la cual explicaré lo que es un autorretrato, el proceso llevado a cabo durante mi realización, y algunas conclusiones finales a modo de resumen.
Dicha realización tuvo lugar durante las sesiones prácticas de los días viernes 11 de febrero y viernes 4 de marzo.
El día 11 de febrero dedicamos la clase a aprender cómo dibujar un autorretrato individual. Según la RAE, la definición del concepto de autorretrato es la siguiente: “Retrato de una persona hecho por ella misma”. Por lo tanto, cada uno debía dibujarse a sí mismo.
De esta manera, en primer lugar teníamos que identificar la forma de nuestra cara y dibujarla: ovalada, redonda, alargada, cuadrada o con forma de corazón.
No me decidía, por lo que me decanté a realizar una mezcla entre la forma ovalada y la alargada. No conseguía aprovechar al máximo el folio por más que lo intentase, por lo que la forma de mi cara no se adaptó adecuadamente respecto al tamaño del folio.
En segundo lugar, el profesor nos enseñó una norma básica del dibujo, la cual consiste en dividir el rostro en tres líneas diferentes. Por una de ellas debían pasar los ojos, otra se debía situar justo por debajo de la nariz, y otra tenía que pasar más o menos por la boca.
Por ello, dibujé estas tres líneas y los ojos. Mi dibujo de aquel día es el siguiente:
Es cierto que este primer dibujo no se observa muy bien debido a la finura del lápiz y la luz que había presente durante la foto, hecho del que no me di cuenta en su momento.
He de confesar que me sentí un poco frustrada porque mi autorretrato no parecía ir acorde con las normas básicas que se nos explicó por más que yo lo intentara, y ni siquiera era capaz de adaptarlo correctamente al tamaño del folio.
La segunda sesión de la realización del autorretrato tuvo lugar el viernes 4 de marzo, como bien he indicado previamente.
En primer lugar, terminé de dibujar mis ojos, mi nariz, mi boca y mi pelo según las indicaciones de la sesión anterior.
Mi sensación al principio de esta práctica fue semejante a la anterior: de frustración, ya que no conseguía que me saliera exactamente según las indicaciones y porque el autorretrato ni siquiera se parecía a mí. Además, no sabía de qué más formas intentar conseguir ese final menos según mi consideración. De hecho hice muchos intentos hasta que finalmente me quedó de la siguiente manera:
Tras la parte de dibujo del autorretrato, la cual me supuso grandes dificultades, llegó la parte de la pintura, la cual definitivamente me gustó más.
Puesto que la lección iba también sobre la pintura expresionista, el profesor nos indicó que debíamos pintar nuestro autorretrato ”como un niño de siete años”.
Recuerdo cómo al principio de la sesión a la mayoría se nos había olvidado lo que era tener siete años y lo que conllevaba, por lo que comenzamos a pintar el autorretrato de un modo muy correcto, como se observa en la siguiente fotografía del mío:
Sin embargo, enseguida el profesor se dio cuenta de nuestro fallo (no estábamos realmente en el papel de un niño de siete años, y seguramente no nos estábamos dando cuenta o acordando de lo que suponía esa sensación), y comenzó a colorear algunos de nuestros autorretratos sin pensar en el modo para mostrarnos cómo debíamos hacer: el pelo de negro, la cara de verde, etc., además de decirnos que no tuviéramos miedo de pintar del color que quisiéramos.
He de decir que al principio no entendía muy bien esa finalidad, y que pensaba que si hacía eso “estropearía” mi dibujo. Sin embargo enseguida vi cómo mis compañeras empezaban a salirse de los típicos roles de los colores: ya no pintaban la cara de color carne, o las cejas de un color marrón, sino que a lo mejor estos elementos eran por ejemplo de color azul. El momento en el que decidí salir de los estándares fue cuando comencé a pintar las cejas de azul por encima del color marrón (así se observa en la siguiente fotografía, aunque aún no se distinguía mucho, solamente era capaz de notar el cambio yo misma):
Sin embargo, aún apenas se notaba que estuviera coloreando como si de un niño de siete años se tratase. Una compañera y yo decidimos levantarnos y dar una vuelta por las mesas, principalmente para ver lo que otros compañeros hacían y anotar algunas ideas. Algunos ya pintaban la cara de verde, el pelo de azul, etc. Fue entonces cuando volvimos a nuestro sitio y comencé a preguntarme: “¿Por qué no salir de los estándares de la pintura y pintarme el pelo y la cara de muchos colores?”, y así fue como comenzamos todas y cada una de mis compañeras a pintar nuestro autorretrato de muchos colores, aunque nuestra cara ya no fuera color carne y nuestro pelo color castaño o rubio. Empezamos también a preguntarnos cosas como: “¿De qué color me ves?”. Es cierto que a alguna la dijimos que la veíamos de color rojo, otra de color rosa, etc.
Llegó un momento en que realmente me di cuenta que se me había olvidado lo que realmente significaba tener siete años y lo que suponía a la hora de pintar. Recordé como con esa edad a lo mejor me pintaba la cara de color rosa o naranja, el pelo azul, etc., y con ese recuerdo como referencia, comencé a hacer lo mismo de forma definitiva con mi dibujo, olvidándome por varios momentos de que el color resultante fuera perfecto. Fue en ese momento cuando entendí el verdadero significado de la pintura expresionista. Por lo tanto, mi autorretrato quedó coloreado de este modo:
Como se puede observar, también dibujé y pinté el cuello. Tras unos últimos retoques, mi autorretrato (el cual también se ha expuesto al principio) quedó finalmente así:
Por lo tanto, este autorretrato acabó finalmente con el pelo coloreado de diversos colores, así como la cara y las cejas. Esto es así porque la pintura expresionista está caracterizada por colores fuertes y sobre todo por una finalidad más subjetiva.
En conclusión, aunque la primera parte de esta práctica, la cual consistía en dibujar un autorretrato de cada uno de nosotros me supuso un mayor obstáculo a pesar de mi esfuerzo por seguir las indicaciones precisas, fue interesante y sobre todo divertido observar la manera en que tanto yo como mis compañeras nos fuimos introduciendo realmente en el papel de un niño de siete años y entendiendo de verdad lo que significaba la pintura expresionista.
A pesar de todo, puede que mi autorretrato no se parezca del todo a mí, pero aprendí mucho acerca de las técnicas básicas para su realización y proceso, y sobre todo acerca de la pintura expresionista. Además, personalmente me pareció muy bonito y llamativo volver a recordar cómo verdaderamente hacíamos las cosas cuando teníamos siete años, ya que en la mayoría de los casos se nos había olvidado por completo.
Por último, quiero destacar lo llamativo que fue ver cómo al final de la clase colgamos todos y cada uno de los autorretratos en los corchos y cada uno era de un montón de colores diferentes que parecían expresar diferentes ideas, personalidades, etc. Fue una sesión realmente memorable, al menos en mi opinión, ver la evolución de mis actitudes y sentimientos hacia la actividad.
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